Internet brinda al usuario múltiples formas de interrelacionarse, amplía sus fuentes de información y le permite prescindir de intermediarios. Le hace más autónomo, algo, hasta hace muy poco, impensable.
Pero en algunos países esa es sólo la teoría. Este martes, la polémica volvía a la palestra tras descubrirse la autoría de unos ataques, ocurridos en China, a los servicios de Google. El gobierno chino había introducido hackers en el buscador para obtener información secreta con fines políticos. Investigadores estadounidenses señalaron como autor a un consultor de seguridad chino, de unos 30 años de edad, vinculado al gobierno del país. Tras estos ciberataques, Google amenazó al país con cerrar sus operaciones en China. Lo que provocó un malestar entre las relaciones de ambos países, que afectan a otros campos como el comercio y la moneda china. El encuentro hace unos días entre el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el líder tibetano, Dalai Lama, intentó suavizar esta relación.
Esperanza y desilusión
Otro caso extremo es el que vive el pueblo iraní. El avance que supuso, el pasado junio, que la sociedad sobrepasase los limites marcados desde el gobierno, y las elecciones presidenciales estuviesen marcadas por el uso de plataformas como Twitter y el papel de la revolución verde, no ha logrado, sin embargo, dar vía libre al uso de la red. Al contrario, Irán es uno de los países donde el gobierno pone más trabas al uso libre de Internet. A principios de este mes, el problema se acentuó. El gobierno iraní anunció que suspendería permanentemente Gmail –el servicio de correo electrónico de Google–, y que en su lugar impondría un servicio nacional de correo electrónico que impida traspasar fronteras nacionales.
Internet fomenta un mayor individualismo, lo que implica relegar el control político a un segundo plano; una acción que incomoda a algunos gobiernos. Internet es poder y los que hoy sustentan el liderazgo temen perder esa ventaja competitiva. Para hacer frente a ese miedo, para frenar que el poder lo asuman las masas, los gobiernos apuestan por políticas restrictivas que atentan contra la libertad.
Años después de la guerra fría que separó al mundo con muros, las luchas por la libertad siguen siendo una asignatura pendiente. Dos décadas después de que el mundo celebrara la caída del telón de acero de Berlín, aún quedas muchos muros por tirar. Aferrados a la esperanza, portavoces del Gobiernos de Estados Unidos anotaron: “los muros virtuales no funcionan en el siglo XXI de la misma forma que lo hicieron los muros físicos en el siglo XX.” Respaldar el miedo de los actuales gobernantes no justifica –en ningún caso– atentar contra la esencia del hombre, contra su libertad.
Esta tarde estará en ABC el fotoperiodistaGervasio Sánchez.
El año pasado dio una charla en la Uc3m. De la misma, y de la correspondiente entrevista, escribí la nota que a continuación reproduzco. Esta tarde, más...
Dice que no es que él sea un periodista comprometido, sino que él es periodista y el periodismo es "compromiso, investigación, independencia". Dice que así lo aprendió en la Universidad (se licenció en 1984 en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona) y que así ha pretendido desarrollar hasta ahora su trabajo.
Quizás por eso, Gervasio Sánchezes considerado uno de los más importantes foto-periodistas de la actualidad, galardonado recientemente con el premio Ortega y Gasset.
El pasado 29 de mayo, el periodista acudió a la UC3M para participar en una conferencia sobre 'Periodismo Social en imágenes', junto a Paul Hanna, jefe de fotografía de la agencia Reuters en España y Portugal, dentro del ciclo ‘Periodismo social como clave para el desarrollo’.
En los últimos veinte años, el reportero nos ha hecho testigos de los más importantes conflictos bélicos mundiales, acercándonos hasta nuestros salones, el drama de la guerra: “el periodismo tiene que saber documentar los hechos que suceden alrededor de nosotros, sean más lejos o sean más cerca de nuestras vidas, de nuestras fronteras anímicas y físicas. Yo intento documentar los hechos que suceden en esos lugares, sobre todo me interesa mostrar a las víctimas de las guerras, los dramas que ocurren alrededor de ella; cada vez me interesan menos los combates, los combatientes, que a la pregunta de por qué combaten, pocas veces le sigue una contestación favorable, o al menos clara”.
Sus palabras y sus fotografías muestran la realidad y contribuyen a crear una conciencia social; por ello, además de colaborar, entre otros medios, con el Heraldo de Aragón o la Ser, ha publicado libros como La Caravana de la Muerte. Las víctimas de Pinochet (2001), Cinco años después. Vidas Minadas(2002), o Sierra Leona. Guerra y Paz(2005).
Explica que lo más difícil de sus corresponsalías es el encuentro diario con el sufrimiento: “si eres mínimamente sensible, acaba afectándote mucho”. Pero asegura que no le gusta hablar de sí mismo: “porque es un espacio que le quitas a los protagonistas de los dramas; mientras aquí lo intentas digerir con la mejor de las digestiones, allí, las guerras duran décadas, como sucede en Afganistán, Sudán o El Congo”.
Las fotografías de Gervasio Sánchez miran a los ojos, por eso, a menudo no necesitan de muchas descripciones externas, sin embargo, él reivindica el poder de las palabras, la importancia de contextualizar una imagen: “hay que aclararlas con un buen pie de foto”, explica, “aunque hay fotografías que pueden funcionar por sí solas, yo creo que hay que aportar unos datos mínimos de qué es, cuándo se tomó, cómo se tomó, qué pasó. Además, siempre tener más información es bueno en cualquier cosa que hagas en tu vida.”
Se siente afortunado porque considera que ha tenido siempre la libertad necesaria para poder ejercer su trabajo, pero se encuentra crítico ante una profesión que se arrastra demasiado hacia un periodismo de "promoción, declarativo, de gabinete de prensa… donde al periodismo distinto hay que rebautizarlo". Es por ello, que se siente escéptico ante determinadas áreas periodísticas, como es el periodismo local: “sabemos las trampas permanentes que existen, la influencia que ejercen poderes extraños a la comunicación sobre la comunicación: empresas, políticos, publicidad… Hay muchas presiones y a nadie se le va a ocurrir enfrentarse a grandes empresas que tienen mucha influencia. Cuando hay intereses que entran en contradicción con los intereses del grupo mediático, automáticamente se acaba aparcando el periodismo a un lado, y se permite que ocurran cosas que, desde mi punto de vista, me parecen inaceptables.”
Ante esto, Gervasio Sánchez cree en el poder del periodismo, pero se plantea una pregunta: “¿qué pasaría si yo escribiera aquí sobre corrupción local, sobre periodismo de promoción, sobre que en las ruedas de prensa no se puedan hacer preguntar porque los ministros o el Presidente del Gobierno no las aceptan?”.
1001 palabras esperábamos que dijeran tres figuras como las que teníamos delante. 1001 palabras y 1001 incitaciones a defender el periodismo y a creer en él. 1001 motivos y 1001 acciones.
Pero no fue así.
Los periodistas Alfonso Armada, Borja Bergareche y Enrique Meneses se quedaron sin palabras. O al menos -en mi opinión-, sin las suficientes, o sin las necesarias, sin las precisas. Sin las que esperábamos escuchar.
El pasado viernes se celebró en la biblioteca de ABC un encuentro impulsado por el laboratorio permanente de comunicación 1001 medios. Además de la presentación de las 6W de la web, que corrió a cargo de Paco Torres, lo más interesante del programa era la tertulia, titulada "Los límites del periodismo", a cargo de los tres citados periodistas, y moderada por Juanjo Ibáñez.
Estaban representando a tres generaciones.
Enrique Meneses, de 80 años, ha sido corresponsal en Oriente Medio y en la India; ha trabajado en ABC, en Life, en Paris-Match. Fue el primer reportero que subió a Sierra Maestra con el Ché Guevarra y Fidel Castro. Ha publicado numerosos libros, entre ellos, su biografía, Hasta aquí hemos llegado.
Alfonso Armada, de 51 años, periodista actualmente en el D7 de ABC y en FronteraD, ha trabajado también en El País y en Faro de Vigo. Ha cubierto el cerco de Sarajevo, el genocidio de Ruanda y es experto en África, sobre la cual habla en sus Cuadernos africanos. Este mismo mes ha publicado su último libro, Diccionario de Nueva York.
Borja Bergareche, el benjamín, ha sido nombrado recientemente subdirector de abc.es y hasta entonces era el redactor jefe de Internacional en ABC.
Era obvio el por qué esperábamos que hablasen, al menos, con la misma concisión, claridad y maestría con que lo hacen cada uno de ellos es sus respectivos campos. Pero parecían estar fuera de juego, y la tertulia se movió desordenada por un montón de lugares comunes.
Bergareche empezó bien, apostando por "periodismo, periodismo y periodismo", recordando que la mejor arma es un buen titular y esbozando límites estructurales, institucionales y tecnológicos a la hora de enfrentarnos al periodismo actual, convergente con los nuevos medios. Pero le faltó la contundencia, la precisión y el detalle con que le hemos escuchado enseñar sobre Oriente Próximo o sobre Cuba. Como a todos, le sobró improvisación. No les hubiese venido mal haberse puesto de acuerdo sobre las directrices que podrían abordar.
Armada apostó por hacer "periodistas más polivalentes" y por romper con "el corsé de hierro" que los periodistas se imponen al considerar que el lector va al periódico "a confirmar sus prejuicios". Las ideas fueron precisas, pero casi imperceptibles, ya que sus intervenciones fueron escasas; prácticamente, no participó en la tertulia.
Meneses aportó color al encuentro. Fue un placer escuchar sus hazañas pero se fue de tema. Dejó claro lo evidente, que escuchar a las grandes figuras es un modo ideal de aprender; pero quizás no era el modo ni el momento. Eso sí, dejó consejos en el aire que no vamos a dejar escapar: "El camino es ir a buscar la información. Tenemos que hacer buen periodismo. Empezar un reportaje agarrando al lector y terminar dejándolo expectante."
La tertulia periodística acabó convertida en una vaga reflexión sin hilo argumental. Interesante sí, pero improductiva y poco preparada. Quizás si no hubiésemos esperado tanto, no hubiese sido un tanto decepcionante... Pero faltó una puesta en escena limpia, y que los tertulianos se hubiesen acercado a sus intervenciones con la misma conciencia y preparación con que se acercan a la escritura de sus textos. El debate por el que se apostó, los límites del periodismo, prácticamente no apareció más que en el enunciado del mismo y en un par de apuntes cogidos por los pelos. Lo único que pareció quedar claro del encuentro es que por mucho ABC2010 por el que se apueste, "la grapa no se toca". Y que lo demás, está en el aire...
"...en el triste desaliño de mis emociones confusas...", como diría Pessoa, acaba una semana y empieza otra. La lucha es contra el reloj, con las horas que pasan -estoy convencida- a más de 60 minutos el intervalo. Sabe a lasaña y huele a tabaco de liar y a manzana verde. La luz es tenue y la lavadora aún no ha terminado de dar vueltas. Todo, como la ropa, gira en mi cabeza sin llegar a un final, sin descansar siquiera para coger el suavizante. Será que sube la fiebre. O no. Se escuchan voces, cerca, pero es lo mismo porque no calan. Porque la melancolía se convierte en un reflexivo lugar común... del que hay que huir. Menos literatura y más periodismo, lo sé. Más gritos y menos susurros. Ideas nuevas y límites confusos. Como un desliz... en el que vuelvo a caer.
Celda 211 ha sido la gran ganadora de la noche de los Goya, con ocho estatuillas. Sus protagonistas, Luis Tosar y Alberto Ammann, han ganado sendos Goyas a mejor actor protagonista y actor revelación, respectivamente; y Marta Etura, a mejor actriz de reparto. Se ha llevado también, entre otros, el de mejor dirección para Daniel Monzón.
La otra apuesta de la noche, Ágora de Alejandro Amenabar se ha llevado siete Goyas, aunque casi todos técnicos.
Lola Dueñas ha ganado el premio a mejor actriz protagonista por Yo, también y Raúl Arévalo a mejor actor de reparto por Gordos. Soledad Villamil se ha llevado el Goya a mejor actriz revelación (sí, sí, revelación, aunque lleve años como consolidada profesional) por El secreto de sus ojos, aunque no ha podido ir a recogerlo por motivos profesionales.
(Y yo, con quince aciertos, he ganado una tarde de cine a cuenta de mi colega de apuesta, que sólo ha acertado ocho...)
"¿Dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio".
"Cuando el dos de noviembre de 1836, Mariano José de Larra escribió el artículo "El día de los difuntos del 36", el periodista ya estaba muerto, aunque aún no se hubiese pegado el tiro.
Que su amante Dolores Armijo le dijese el día anterior que "nunca más", que hasta allí habían llegado y que se iba a las Islas Filipinas, no fue el motivo. Eso sería una versión simplista. Más bien, debió de ser la gota que colmó el vaso, la última prueba que no estuvo dispuesto a pasar.
Larra se suicidó un día como hoy, un 13 de febrero de 1837, en esta ciudad. Mientras, en el teatro de la Cruz, cercano a su casa, estaban tocando la ópera "Norma".
Había tenido una educación francesa en un Madrid aún de ovejas y panderetas, y no le vio sentido a escribir para ciegos y hablar para sordos. "Mi vida está condenada a decir lo que otros no quieren leer", escribió.
Mañana, domingo 14, concluye la exposición "Larra, Fígaro de vuelta, 1809-2009", que ha realizado la Biblioteca Nacional y en la que se han mostrado 150 piezas entre libros, artículos, muebles, grabados, cuadros y otros objetos.
Irán celebra el 31 aniversario de la victoria de la revolución islámica olvidándose de su rebelión
El movimiento Verde pierde fuerza frente al presidente de la República, Mahmoud Ahmadineyad, que la gana
La República de los animales llegaría. «Tal vez —pensaron en la granja— no fuera pronto, quizá no sucediera durante la existencia de la actual generación de animales, pero vendría». En la eterna alegoría descrita en «Rebelión en la granja», la novela que George Orwell publicó en 1945 en contra de los totalitarismos, los animales sublevados contra el patrón están convencidos de que su revolución triunfará.
Para ello, crean un sistema de gobierno de base, en el que todos los animales participan. Pero la idea de hermandad inicial convierte la granja en un caos. Impulsados por sus ansias de poder, algunos de los animales se hacen con el control bajo la apariencia de un falso consenso. «Rebelión en la granja» es una fábula sobre la corrupción del poder y la parsimonia de las masas, representados por unos personajes que que se identificaron con el régimen zarzista, Lenin, Stalin y Trotsky.
Una especie de «Rebelión en la granja» está ocurriendo en Irán. Ayer concluyeron las celebraciones por el 31 aniversario de la victoria de la revolución islámica, con los ojos puestos en las nuevas esperanzas que promete la revolución Verde.
En la década de los setenta, en Irán, conocida como Persia hasta 1935, se estaba tejiendo un cambio. Las masas obreras estaban cansadas de un régimen de monarquía autoritaria secular, impuesto en 1925, que se definía a sí mismo como pro occidental y anti comunista.
Desde la revolución soviética de 1917, no se había vuelto a dar un caso de insurrección contra el gobierno que naciera desde abajo, desde el pueblo, en lugar de hacerlo, como era más frecuente, desde las elites intelectuales.
Los iraníes se echaron a la calle en contra de la monarquía hereditaria de Mohamed Reza Pahlevi, y se enfrentaron al SAVAK, la policía secreta del Sha.
El 1 de febrero de 1979 derrocaron a Pahlevi, y regresó, entre vítores, el ayatolá Ruhollah Jomeini, que había liderado la revolución. De ese modo, quedaron atrás 2.500 años de monarquía en el país.
Revolución fallida
Aunque también Gran Bretaña y Rusia ejercían una fuerte influencia sobre Irán, era Estados Unidos la potencia que más poder tenía sobre el país. Esto chocaba con el antisemitismo y los fundamentalismos protagonistas de sus calles; lo que desembocó en constantes enfrentamientos entre Oriente y Occidente.
Esta situación, sumada a la ausencia de una dirección en el ejercicio del poder, atenuó el fracaso de la revolución. El partido comunista Tudeh, que debía ejercer de guía, no supo manejarse con la situación. La democracia se tambaleó quemada en su propia hoguera. Empezó a hablarse de las contrarrevoluciones, promovidas por los ayatolás. Después, treinta años de caos.
Irán volvió al punto de mira el pasado junio, cuando se celebraron unas elecciones marcadas por las limitaciones de libertades, como la de información. Lo que planteó si estaba siendo lícito el ejercicio de la democracia. Aunque con aspecto renovado, estaban abriéndose las mismas heridas de siempre.
Desde ese momento, numerosas manifestaciones empezaron a sucederse en Teherán. Los iraníes, como único modo efectivo de comunicación, se lanzaron a internet. Irán es el cuarto país con más bloggers del mundo (60.000 espacios) y el más avanzado en estas materias dentro de Oriente Medio (un 31,8% tiene acceso a internet). El movimiento Verde, formado en su mayoría por estudiantes y gente nacida después del 79 (ya en democracia), expresaba sus ideas adaptándose a los tiempos, y haciendo uso de plataformas como Twitter.
Entre el 12 de junio, día en que se convocaron las elecciones, y el 29 de junio, cuando se proclamó vencedor Ahmadineyad, Irán adquirió una proyección mundial llegando a todos los rincones. Pero también aumentaron los disturbios, registrándose 26 muertos (la oposición habló de 69), y 1032 detenidos.
El resultado de las elecciones volvió a dar como vencedor a Mahmoud Ahmadineya, lo que provocó que algunos grupos, entre ellos los Verdes, acusaran al Gobierno de «pucherazo». La ex viceministra de Medio Ambiente, Massumeh Ebtekar, declaró: «Está en juego la República Islámica porque Mahmoud Ahmadineyad no ha respetado en sus cuatro años en el poder las normas establecidas».
Libertades oprimidas
En el prólogo de «Rebelión en la granja», Orwell escribe: «Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír».
Los iraníes hicieron uso de los medios que tuvieron para poder decir a sus conciudadanos, incluso aquello que no querían oír. Demostraron un valor y una determinación ilimitados para hacer frente a una política de coacción. Pero ayer, mientras se celebraba el aniversario, por primera vez los iraníes parecían estar conformes con su presidente.
Sobre el muro, a la entrada de la granja que describe el escritor, se podía leer: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros». Parece que los iraníes no tienen tanta confianza en su revolución como tenían los animales de la fábula. El problema es que se dejen engañar tras una buena cara.
«No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos —escribe Orwell—. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro».
Las imágenes del aniversario dejaban en el aire la duda de si la revolución Verde está perdiendo fuerza o de si, en el fondo, los iraníes saben que, «quizás no sucediera durante la existencia de la actual generación de animales», pero el cambio llegaría.
Ser periodista, una obsesión.
"Escribo para definirme", repetía Susan Sontag. Algo así, añado.
Hace años que aprendí que era la escritura la que me poseía a mí. Curiosa... Obsesiva (ya avisé)... Vagabunda...
Aprender, continuar, sentir...
Periodista... Sí... Vocacional... Un sueño, una realidad... Ummm...
gardeu@gmail.com
Dubitativa por naturaleza, tenía algo claro: NO haría un máster cuando acabara la carrera. Este verano, mientras estudiaba la última asignatura que me quedaba para licenciarme en Periodismo en la uc3m, si pensaba en mi futuro inmediato, me veía en cualquier lugar, excepto en Madrid... No sé muy bien cómo acabé matriculándome en este máster ABC-UCM... pero aquí estoy... cursando un máster "experimental" en el que he entrado con una buena dosis de motivación, en una ciudad que no me convence demasiado, pero que está llena de posibilidades... Minería digital, herramientas narrativas, escritura y verdad, participación ciudadana... Así se llaman algunas de las asignaturas... Estamos todos expectantes... Éste, desde hoy, será mi Blog del máster, el espacio para colgar prácticas, reflexiones, ejercicios... ¿periodismo? A eso aspiramos... Adelante, mis valientes!!!
Sin fotografías. Cambio de ciclo.
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Este curso, 2013/14, ha estado marcado por la *fotografía*. Mi vida, en
general, siempre ha estado muy relacionada con las imágenes. Me recuerdo
haciendo...