“A la hora de comunicarnos son muy necesarias las herramientas que nos ofrece Internet”, anota durante su discurso David Alayón, uno de los promotores de bitacoras.com.
Red: Conjunto de elementos organizados para determinado fin.
Ranking: Clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración.
Comunidad: Conjunto de las personas de un pueblo, región o nación.
La palabra es la primera herramienta que se utiliza, que se usó en los medios tradicionales y que, del mismo modo, y a pesar de ser acompañada por otros lenguajes, se utiliza en los formatos multimedia. Bitacoras nace de este lenguaje, de la necesidad individual que tiene el emisor de reunir palabras en un blog y de la implicación colectiva de juntar esos blog y compartirlos.
Pero me han llamado la atención las palabras, que como primera impresión, se utilizan para definir qué es Bitacoras. Los términos lanzados, al modo de imágenes, de impactos visuales, son las definidas a inicio de página. Las definiciones, quizás engañosas, son las que ofrece la RAE.
Elementos organizados en referencia a colectivos sociales. Contemporáneo y temporal, en español. Habitando en el conocimiento –y el entendimiento– a fin de promover, de cooperar, de publicitar, de ser referente y lugar común, coincidencia vital. Memoria compartida.
Y sin embargo, en esa misma misión de unir comunidades anota David: “Sólo puedo echar de menos el café compartido con los compañeros”. La bebida tomada tan sólo en un mano a mano con el ordenador es el reflejo de la contemporaneidad. Y evocaría a la tópica ‘Aldea Global’ de McLuhan si no fuera porque es ya demasiado tópica y porque sería engañosa.
295.000 usuarios registrados, 390.000 blog indexados. La cifra es más real que las referencias apocalípticas de la globalización. Casi 300 mil usuarios y detrás de cada uno, una historia. La comunicación es llegar más allá de lo tangible. No vamos a echar piedras contra nuestros propios tejados. Este tipo de plataformas abre puertas. Y comunicarse es traspasar utopías.
Un dos de noviembre cualquiera, como el de hace unos días. Los cementerios, llenos. Los muertos buscando mantenerse en el recuerdo de los vivos. ¿O somos los vivos los que necesitamos tener presente la memoria de nuestros muertos?
En ABC llevamos dos jornadas sacando en portada a la muerte. En menos de tres días nos han dejado tres, en sus respectivos campos, referentes: José Luís López Vázquez en la interpretación, Francisco Ayala en la literatura y Claude Lévi-Strauss en la antropología.
Ante la muerte, nuestra sociedad lucha empuñando como arma la memoria. Algo que no fue siempre así. En el Medievo, en la muerte, que era vista como un acto natural, el moribundo era acompañado de familiares en su último trance. Sabía que iba a morir y esperaba el momento con serenidad. Es lo que el historiador Philippe Ariès llamó la “muerte domesticada”, una muerte aceptada.
Con la llegada del cristianismo, la muerte fue vinculándose a ideas de juicio final, de sufrimiento y de memoria. El periodista Indro Montanelli solía repetir: “Yo no tengo miedo de la muerte, tengo miedo de morir”. A la mayoría de las personas nos da miedo sufrir, sin reconocer que vivir también implica eso. La actriz Carmen Sevilla reflexionaba ayer, en estas páginas, sobre la muerte de José Luis López Vázquez. Contaba que la última vez que lo telefoneó, le dijo que se encontraba mejor. “Me lo creí, pese a saber que su estado de salud era cada vez más delicado. Supongo que quiso ayudarme a pasar el mal trago”, escribió Carmen Sevilla.
En los tiempos que corren, vivir está convirtiéndose en una tarea ardua. Quizás por ello, cuando tres referentes se mueren, algo de nuestra dignidad se va también con ellos. Y en consecuencia, aún más necesitamos acogernos a la memoria. Pero para poder morir con la dignidad que ellos lo han hecho, es necesario vivir también con ella. Puede que esa sea la respuesta a la pregunta inicial. Refugiándonos en la memoria, llenando de flores el cementerio, reconocemos que tememos vivir sin dignidad, sufrir. Por eso los muertos no nos necesitan, sino que somos nosotros los que los necesitamos a ellos.
“Me pasaba los días escuchando, mirando y aprendiendo”
A la pregunta de cómo recordaba sus inicios en la profesión, esa fue la respuesta que la reportera Rosa María Calaf contestó. Ocurrió durante una entrevista realizada con motivo de la entrega de un galardón por su trayectoria profesional. Un referente de reporterismo.
“Ante la duda, haz periodismo”, aconsejaba ayer, en la sede de ABC, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Magis Iglesias. La periodista recalcó que, aunque la profesión está adaptándose tecnológicamente, su esencia sigue siendo la misma: “preguntar y preguntar, y recordar que el periodismo es compromiso”.
En la misma línea, diversos profesionales del mundo de la comunicación debatieron, durante la última edición, celebrada en Perugia (Italia), del Festival Internacional de Periodismo, el papel del comunicador. Han evolucionado las herramientas que el periodista debe manejar, pero el trabajo sigue siendo el mismo. Así lo reconocía el periodista Seymour Hersh. El reportero de The New Yorker, que bromeó con que “quizás debería comenzar a escribir un blog y dejar el periódico”, recalcó “la necesidad de precaución, el periodista debe desconfiar de partida”. Del mismo modo, Sergio Romano, periodista del Corriere della Sera, también recordó que “los parámetros del periodismo no están pasados de moda: verificar los hechos, escribir con medida…”, y matizó que: “El periodismo, el oficio, no está en crisis; en crisis está la empresa periodística”.
"El periodismo me atraía, pero creo que no habría sido útil en ninguna redacción. Imaginaba que el periodismo consistía en andar por el mundo y observar ciertas cosas, todas irrelevantes, caóticas y sin sentido alguno, como las noticias, como la vida misma... Y ese trabajo me atraía y me interesaba. Tenía la sensación de que el mundo entero estaba siempre lleno de «acontecimientos de actualidad» y de «hechos sensacionales». Entrar en una habitación donde nunca había estado resultaba para mí tan emocionante, por lo menos, como ir a ver el levantamiento de un cadáver, buscar a sus parientes y hablar con el asesino. El periodismo significaba para mí —desde el principio, desde el momento en que despertó mi interés— estar a la par del tiempo en que vivía, un tiempo que siempre me parecía una experiencia personal, algo que me resultaba imposible eludir, algo importante, interesante; cualquier cosa se me antojaba «digna de ser publicada»... Estaba tan emocionadocomo si yo solo hubiese tenido que informar de todo lo que ocurría en el mundo: las declaraciones de los ministros, los escondrijos de los criminales y también lo que pensaba mi vecino al sentarse a solas en su habitación alquilada... Todo aquello tenía un interés «apremiante»: a veces me despertaba por la noche y bajaba a la calle, como un reportero extasiado que teme «perderse» algo. Sí, el periodismo era para mí una obligación, una tarea profundamente arraigada en el centro más recóndito de mi ser que no podía ignorar, que me obligaba a conocer mi «materia prima», los hechos, esa sustancia secreta que establece lazos entre las personas y une a la gente, las conexiones entre los fenómenos."
Ser periodista, una obsesión.
"Escribo para definirme", repetía Susan Sontag. Algo así, añado.
Hace años que aprendí que era la escritura la que me poseía a mí. Curiosa... Obsesiva (ya avisé)... Vagabunda...
Aprender, continuar, sentir...
Periodista... Sí... Vocacional... Un sueño, una realidad... Ummm...
gardeu@gmail.com
Dubitativa por naturaleza, tenía algo claro: NO haría un máster cuando acabara la carrera. Este verano, mientras estudiaba la última asignatura que me quedaba para licenciarme en Periodismo en la uc3m, si pensaba en mi futuro inmediato, me veía en cualquier lugar, excepto en Madrid... No sé muy bien cómo acabé matriculándome en este máster ABC-UCM... pero aquí estoy... cursando un máster "experimental" en el que he entrado con una buena dosis de motivación, en una ciudad que no me convence demasiado, pero que está llena de posibilidades... Minería digital, herramientas narrativas, escritura y verdad, participación ciudadana... Así se llaman algunas de las asignaturas... Estamos todos expectantes... Éste, desde hoy, será mi Blog del máster, el espacio para colgar prácticas, reflexiones, ejercicios... ¿periodismo? A eso aspiramos... Adelante, mis valientes!!!
Sin fotografías. Cambio de ciclo.
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Este curso, 2013/14, ha estado marcado por la *fotografía*. Mi vida, en
general, siempre ha estado muy relacionada con las imágenes. Me recuerdo
haciendo...